|
Informe elaborado por el presidente de la filial local de Federación
Agraria Argentina, Juan José Salgado
En la zona
de Villa María hay gran preocupación por el futuro de las exportaciones
de productos y derivados de la leche y
de la carne.
Específicamente en lo que
a leche se refiere, la cuenca láctea de Villa
María, es históricamente de significativa importancia y de un marcado
reconocimiento a nivel nacional, basta mencionar cuando en la
década del 70 existían unos 200 establecimientos recibidores en tan sólo
un radio de 50 kms alrededor de la citada localidad, entre fábricas,
procesadoras, recibos y enfriadoras.
Hoy, su número y lejos de
hacer un análisis profundo, se ha ido reduciendo significativamente por
diversos motivos políticos y económicos. No obstante, sigue teniendo su
importancia y trascendencia productiva, técnica, económica y social, donde
conviven pequeñas fábricas casi desde lo artesanal, hasta las grandes
usinas, pasando por infinidad de Pymes, tal es así que existen
organizaciones y cámaras que agrupan a estas últimas. Muchas de ellas
están actualmente exportando, están en condiciones de exportar o están en
proceso de certificación para hacerlo, amén de la leche que se recolecta
en esta cuenca y que es procesada en otras zonas y aún en otras
provincias, también exportada desde allí como producto elaborado.
Cuando hablamos de
trazabilidad en los alimentos, sistema por el cual se puede recuperar la
historia del alimento, su utilización, localización y origen por medio de
códigos registrados, se observa que esto está en expansión en el mundo
entero, y que en la U.E. (Unión Europea) por
ejemplo, la trazabilidad de los alimentos se ha convertido en una de las
mayores preocupaciones de los ciudadanos. Para la U.E. es
primordial el papel en el mantenimiento del máximo nivel de seguridad y
calidad de los alimentos y de otros aspectos como ley Bioterrorista,
legislación europea, eficiencia en los procesos productivos, lugar de
origen y procedencia, etc. Además es indispensable conocer la trazabilidad
de toda la producción a los efectos de un control sanitario de lo que
ingiere la comunidad, como lo es para nosotros aún el hecho de seguir
siendo competitivos en esta materia. En la
producción moderna no se concibe un producto sin sus datos de trazabilidad.
La preciada y presumida cuenca lechera de referencia, será
en poco tiempo, el epicentro de la instalación de una planta de
incineración de basura, la cual se proveerá
además con los desperdicios comunitarios de la región. Esta planta debe
abastecerse de unas 500 Toneladas diarias de RSU, además de unas 10 a 25
Tn. diarias de neumáticos precisos para conseguir la ecuación calorífica
necesaria como ayuda a la incineración o cualquiera de sus variantes, ya
sea gasificación, pirólisis o como intenten disfrazar su significado.
El efecto y el impacto medioambiental
por tamaña cantidad de basura, no sólo será la visible (moscas, roedores,
pilas de basura, cenizas, desperdicios, etc) sino que uno de los más
preocupantes, son los efectos no visibles e indeseados, y esto es la
emanación de gases y micropartículas de dioxinas, furanos y
hexaclorobenceno (sustancias altamente contaminantes y venenosas),
los gases que producen efecto invernadero, los subproductos de la
incineración (cenizas) y del filtrado, etc.
Las dioxinas y los furanos
son un conjunto de sustancias organocloradas, lipofílicas, bioacumulables
y persistentes que se van depositando en las
grasas de origen animal, ya sea carne o leche. Estas sustancias
viajan por el aire y se esparcen por el campo, poseen gran persistencia
una vez en el organismo, y un sin número de problemas que brevemente se
detallan a continuación:
� Los procesos de
incineración de residuos generan emisiones atmosféricas de contaminantes
orgánicos e inorgánicos, de muy difícil control, en forma de gases y
micropartículas. Su dispersión puede darse a escala local o regional y su
posterior deposición puede significar un riesgo al patrimonio ambiental o
a otras actividades productivas.
� Las dioxinas son
contaminantes ambientales que tienen el dudoso honor de pertenecer a la
«docena sucia»: un grupo de productos químicos peligrosos que forman parte
de los llamados contaminantes orgánicos persistentes (COP) de elevado
potencial tóxico. La experimentación ha demostrado que afectan a varios
órganos y sistemas. Una vez que han penetrado en el organismo, persisten
en él durante mucho tiempo gracias a su estabilidad química y a su
fijación al tejido graso, donde quedan almacenadas. Su vida media en el
organismo oscila entre 7 y 11 años.
� En teoría existen 75
PCDD y 135 PCDF conocidos, dependiendo del número y la posición de los
átomos de cloro. Estas sustancias se transportan fácilmente a través de la
atmósfera a otras zonas, por lo tanto la deposición de estos contaminantes
en pastizales y en tierras laborables, es una de las principales vías de
acceso a la cadena alimenticia, y de ahí a los lácteos y la carne del
ganado. El problema pasa a ser además regional, provincial y nacional.
� En 2002 la dioxina
2,3,7,8-TCDD fue clasificada como carcinógeno humano por la Organización
Mundial de la Salud (OMS), la Agencia para el Estudio del Cáncer (IARC) y
la Agencia para la Protección del Ambiente de Estados Unidos (US EPA). El
Departamento de Salud y Servicios Humanos (DHHS) ha determinado que se
sabe que la 2,3,7,8-DDTC produce cáncer.
� A este tóxico también se
lo llama la hormona ambiental, ya que afecta el desarrollo normal y el
crecimiento de aves, peces, reptiles, anfibios y mamíferos incluyendo los
humanos. Además, produce efectos negativos sobre el sistema nervioso
central, el inmunitario, el hormonal endocrino (todas las glándulas de
secreción interna, como la hipófisis, por ejemplo) y el reproductivo,
impidiendo el desarrollo de los juveniles (crías) y causando una gran
variedad de cánceres.
� La exposición breve del
ser humano a altas concentraciones de dioxinas puede causar lesiones
cutáneas, tales como acné clórico y manchas oscuras, así como alteraciones
funcionales hepáticas. La exposición prolongada se ha relacionado con
alteraciones inmunitarias, del sistema nervioso en desarrollo, del sistema
endocrino y de la función reproductora. La exposición crónica de los
animales a las dioxinas ha causado varios tipos de cáncer.
� El feto es
particularmente sensible a la exposición a las dioxinas. El recién nacido,
cuyos órganos se encuentran en fase de desarrollo rápido, también puede
ser más vulnerable a algunos efectos.
� La TCDD se acumula
fuertemente en todos los organismos vivos a través de la cadena
alimenticia, con factores de concentración del orden de 2000 a 9000 (según
datos internacionales) para varios tipos de ellos (se la ha detectado en
leche, huevos y peces).
� Los órganos
principalmente afectados son el hígado y el timo. Los estudios reportaron
los siguientes síntomas: pérdida de peso, hemorragias intestinales,
inducción enzimática, inmunotoxicidad, toxicidad dérmica, teratogénesis,
carcinogénesis y fallas reproductivas.
� Pueden provocar
problemas de reproducción y desarrollo, afectar el sistema inmunitario,
interferir con hormonas y, de ese modo, causar cáncer, una disminución de
los niveles de la hormona masculina testosterona; un aumento de la
incidencia de diabetes; daños sobre el desarrollo y alteraciones en las
funciones endócrina e inmunológica. Una mujer embarazada, con dioxinas en
su cuerpo, puede causar cambios irreversibles en el desarrollo de los
sistemas nervioso central, inmunológico, reproductivo y endócrino del
bebé. Las dioxinas presentes en el cuerpo de una mujer también pueden
pasar al lactante a través de su leche.
� "?incremento de la
presencia de Endometriosis, enfermedad del tejido del endometrio al lado
de los ovarios, el incremento de esta patología que ya afecta a un 5% de
la población femenina, había permanecido invisible, hasta que se ha
reconocido el papel que juegan las dioxinas ambientales, presentes en
agua, aire y alimentos" (Min. Salud España)
� Se ha observado que los
niños expuestos a las dioxinas y furanos a través de la leche materna
presentan alteraciones en los niveles de la hormona de la tiroides y
déficit neurológico (ATSDR, 1998).
� La dioxina 2,4,5-T es
uno de los componentes del Agente Naranja, arma química utilizada por
Estados Unidos en la Guerra de Vietnam.
� La provincia de Santa Fé
, sabiamente, legisló prohibiendo la incineración y sus variantes.
Por ello,
al consumir alimentos de origen lácteo y/o
cárnicos provenientes de zonas contaminadas, tanto está en riesgo la salud
de los argentinos, como la seguridad alimentaria de los países destino de
nuestras exportaciones. Por ejemplo en los últimos años, se ha
visto en argentina un importante crecimiento en las exportaciones
avícolas, y esto no es sólo por razones competitivas y de precios
relativos, sino porque además , al ser nuestro país libre de gripe aviar,
se consolidó una demanda y una preferencia de los pollos argentinos en el
mundo. Pero qué pasará entonces con nuestras carnes, quesos y leche en
polvo de seguir con esta estrategia de lo que algunos se aferran en querer
llamar "progreso" ; ya que a nuestro entender, el desarrollo debiera
considerar fundamentalmente no dañar la evolución sustentable de nuestra
expansión , transformándose en un retroceso del perfil de nuestro país.
Otras plantas de
incineración masiva pretenden instalarse en las localidades de Río Cuarto,
Córdoba, San Francisco, dejando a nuestra provincia como el principal foco
de emanaciones tóxicas y contaminantes, como la principal fuente de
dioxinas, furanos y hexaclorobencenos. Está comprobado que las plantas de
incineración y de gasificación como estas, tienen los mismos impactos
negativos que las plantas de incineración convencionales y ningún
beneficio adicional, y aparte de lo expresado anteriormente en cuanto a
que emiten sustancias tóxicas persistentes al ambiente que afectan la
salud y de muy difícil control; se puede demostrar que tienen baja
eficiencia en términos de recuperación de energía, emiten Gases de Efecto
Invernadero (GEI), compiten con los programas sustentables de reciclaje ,
desincentivan la reducción en la generación de desechos y generan gastos
desproporcionados e injustificados a las ciudades o municipios. Aunque se
presenta a las incineradoras como fuentes de "energía verde", no lo son.
Además, la eficiencia energética de las incineradoras es baja: consumen
energía los procesos de pre tratamiento como la trituración y secado;
además, como trabajan en ambientes de reducción de oxígeno, es necesaria
más energía para mantener su funcionamiento y deben emplear combustibles
auxiliares como el gas natural, gasoil o aceites desclasificados, el
mencionado neumático molido, etc. ; incluso el argumento de que la basura
es una fuente de energía renovable tampoco es verdadero, ya que una parte
de la misma, por ejemplo los plásticos, está compuesta por materiales
derivados del petróleo. El valor calorífico de los residuos urbanos se
debe en gran medida a los plásticos. Por otro lado, una planta
incineradora moderna con producción de energía eléctrica emite más CO2 por
kilovatio hora generado que una central térmica de carbón (Agencia
Ambiental de Estados Unidos).
Cada día se conoce más de
el efecto negativo en la salud de estos potentes contaminantes, hasta
ahora poco estudiados. Basta mencionar que la U.E. en su Reglamento Nº
1881 y su última modificación del año 2006, comienza diciendo : "es
necesario volver a modificar el contenido máximo de determinados
contaminantes a fin de tener en cuenta la nueva información" . Este
reglamento contiene, entre otras cosas, un apartado especial: la Sección 5
"Dioxinas y PCBs" que tabula los niveles máximos tolerados de estos
contaminantes, y se enumeran en éste las solamente las carnes y derivados,
la leche cruda y productos lácteos, los huevos , los pescados y las
grasas, incluso prohíben el ingreso y recomiendan "deberían ser excluidas
de la dieta" y "garantizar que estos productos no se comercialicen en los
estados miembros" de pescados procedentes de determinada zona del mar
báltico, fuertemente contaminados con estas sustancias.
No en vano se ha legislado
al respecto y es porque problema existe y los contaminantes también, por
lo tanto no debemos esperar si podemos subsanar esto de antemano. Se
puede, y se debe, garantizar una protección eficaz de la salud pública y
de nuestra producción. Después, podría ser tarde
Fuente :Agromeat |