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Inversiones posibles
gracias a la mejora del sector
Movilidad. Acsagen es una
asociación civil conformada por cabañeros, productores y el estado
provincial. Con su laboratorio móvil
asisten a productores sobre éstas técnicas de mejoramiento genético.
La Asociación Civil
Santafesina de Genética Lechera empieza a tener mayor demanda para
realizar trabajos de transferencia embrionaria en los tambos de la región.
La técnica permite acelerar los tiempos para la mejora del rodeo y
adelantar resultados productivos.
Juan Manuel Fernández/
Federico Aguer
campo@ellitoral.com
Enviados Especiales a
Carlos Pellegrini
Frío atroz en Carlos
Pellegrini. Los técnicos de la Asociación Civil Santafesina de Genética
Lechera (Acsagen) trabajan en la manga al resguardo del viento gélido,
extrayendo embriones de un lote de vacas secas para reproducción. El
trabajo de Leandro Vanzetti y Pedro Molfino se complementa con la
asistencia del veterinario Mariano Santo y el encargado del campo, Jorge
Toledo.
El marco es la estancia
“El Descanso”, tradicional establecimiento de la familia Chiavassa, que
acaba de inaugurar un moderno tambo calesita en el marco de una estrategia
integral, que ha sido y sigue siendo apostar a la tecnología. Por eso es
que decidieron recurrir a la transferencia embrionaria para sus animales,
una técnica de punta que permite garantizar de manera más eficiente el
servicio y la parte reproductiva en general de un rodeo.
Desde su creación a fines
de 2006, el trabajo de esta asociación de cabañeros, productores y
técnicos tuvo muchas limitantes para expandir este tipo de tecnología
entre los tamberos. Pero ahora, con el cambio de ambiente en la lechería,
comienza a avizorarse un despegue de la actividad.
Servicio a domicilio
Como si se tratase de una
moderna ambulancia de un servicio de emergencias, el móvil de Acsagen es
una especie de laboratorio ambulante con todo el equipamiento para
manipular embriones de la mejor genética Holando Argentino. El trabajo,
que se inicia en la manga con el lavado de las vacas, continúa ahí con la
clasificación y separación de los “huevos”, según sus características,
antes de ser reimplantados o congelados para un uso posterior.
Pedro Molfino, coordinador
del equipo técnico de Acsagen (que completa Martín Ludueña), aseguró que
la transferencia embrionaria “es otra de las biotecnologías que tiene un
alto impacto en un plazo no tan largo”, ya que se acortan los tiempos y
está medianamente al alcance de los tamberos.
Sintéticamente, se trata
de tomar una madre de destacada genética, hacerla producir mediante un
estímulo hormonal una cantidad inusual de óvulos (superovulación), que
luego serán fertilizados, mediante inseminación, y extraídos para
implantarlos en vientres “alquilados” de otras vacas o vaquillonas. Así,
de una madre sobresaliente se pueden obtener, en lugar de uno, decenas de
hijos/as al año, con la consecuente aceleración de los tiempos biológicos
en el tambo.
El trabajo de Acsagen
arranca con una visita previa al establecimiento del cliente para evaluar
las vacas que se quieren superovular. “Tienen que tener 60 días de
paridas, estar ciclando normalmente, no tener ninguna enfermedad
reproductiva, ningún problema de salud”, acotó Molfino. Luego, continuó,
se programa el tratamiento superovulatorio y se lleva a la práctica.
El propietario puede
decidir la transferencia en fresco, para lo cual tendrá que tener
sincronizadas las receptoras (que normalmente son vaquillonas, pero
también se usan vacas), o congelar los embriones para otro momento.
“Normalmente ellos se encargan de hacer el tratamiento superovulatorio y
de inseminar la donante; nosotros lo que hacemos es llegar 7 días después
de la inseminación a hacer este laburo”, explicó el profesional.
El trabajo comienza con el
“flushing” o lavado de la vaca, que consiste en inundar el útero con una
especie de solución fisiológica o nutritiva que luego, al ser extraída,
arrastra los microscópicos embriones (que aún no se fijaron a las paredes
del útero). El paso siguiente es llegar los “huevos” al laboratorio móvil,
donde se los clasifica y discrimina según su calidad, en función de la
conformación celular.
Entidad joven
Acsagen fue creada en
diciembre de 2006 por iniciativa de un grupo de criadores de la raza
Holando Argentino, de productores lecheros, y de profesionales
especialistas en reproducción animal.
Sus objetivos fundantes
fueron desde el inicio optimizar los esfuerzos tendientes al mejoramiento
de las razas lecheras bovinas que realizan los productores, con el fin de
hacer más eficiente la actividad productiva, así como propender a la
implementación de acciones para lograr una mayor inserción de germoplasma
bovino superior (animales en pie, semen y embriones) en los mercados
internos e internacionales.
En el año 2007, la
provincia de Santa Fe contaba con 4.516 establecimientos productores de
leche y 613.087 vacas, según el programa sanitario de la Dirección General
de Sanidad Animal del Ministerio de la Producción.
Aprovechando el entramado
institucional acorde, un gran número de empresas ligadas al sector, una
fuerte participación en la cadena agroalimentaria láctea nacional y las
principales cabañas dedicadas al mejoramiento de la raza Holando Argentino
hicieron que se torne necesario un nuevo camino a recorrer, no sólo en el
mejoramiento genético individual, sino como plataforma de actividades para
un nuevo polo biotecnológico del país.
Según consigna la página
web de la Asociación, la idea obedece a la ampliación de las fronteras de
instrumentación de prácticas del mejoramiento genético, la necesidad de
contar con un porcentaje mayor de establecimientos que utilicen la
inseminación artificial, el control lechero o productivo oficial y la
transferencia embrionaria como herramientas básicas para aumentar el
mérito genético individual en los rodeos comerciales.
Está claro, a esta altura
de las circunstancias, que la temprana implementación de éstas produce
mejoras adicionales inmediatas en la organización y programación del
establecimiento en general, ya que imponen un programa de gestión con
claros objetivos de eficiencia.
La entidad cuenta con un
programa de capacitación que surge del estudio de situación sobre la
realidad del sector lechero provincial. La intención fue desde el
principio integrar organismos estrechamente relacionadas al mejoramiento
genético elaborando, en cada caso, programas específicos dentro de los
convenios de colaboración recíproca.
Estos trabajos prevén la
participación de las industrias lácteas como un pilar fundamental para su
inicio, difusión y permanencia en el tiempo.
Primero ordenarse
Durante una pausa en el
trabajo de discriminación de embriones, dentro del laboratorio móvil,
Pedro Molfino aseguró a Campolitoral que la demanda de los servicios de
Acsagen “está queriendo despegar” luego de atravesar los últimos dos años
con muy poca actividad, producto del mal momento del sector. “Ahora el
precio de la leche, el ambiente y el clima es otro”, señaló el
coordinador. Además de la inestabilidad fue la dinámica propia de los
cabañeros, cuyos animales participan del calendario de exposiciones, lo
que contribuyó a ralentizar el crecimiento de la joven institución.
Actualmente, quienes
aprovechan estos servicios “son 10 o 12 productores, todos en la provincia
de Santa Fe; ahora estamos saliendo todas las semanas a hacer lavajes”,
comentó el profesional.
Como ocurre con la
producción, las condiciones ambientales también son una limitante para el
transplante embrionario. “La mejor época —asegura Molfino— es de marzo a
diciembre, porque con el calor no podés hacer nada; las vacas no se
preñan, sufren mucho”.
De todos modos, “no es
mucho” el porcentaje de productores que se animan, por lo que “hay mucho
por hacer”. Quizás por desconocimiento de la técnica o por miedo, y no
“porque sea cara”, estimó Molfino.
También advirtió que, esta
práctica, “hay que tener en cuenta que no es para cualquiera”. La primera
condición es tener un manejo ordenado y animales sanos. Por ejemplo un
establecimiento que no haga inseminación artificial, que se maneje sólo
con toros, que no lleva datos reproductivos o no tiene un veterinario en
el establecimiento, difícilmente le saque provecho a la técnica. “Hay que
ser realistas; lo podés hacer al trabajo, pero no es conveniente; tiene
que empezar por otro lado a ordenar la cosas: incorporar inseminación,
control reproductivo y recién después se pasa a esto”, sintetizó Molfino.
Los inicios en la
Argentina
La posibilidad de
preservar el semen mediante su congelación abrió una nueva dimensión al
empleo de la inseminación artificial, otorgándole más potencia aún a esta
valiosa biotecnología reproductiva. En 1955 se realizaron las primeras
experiencias en el país con semen congelado.
Lo verdaderamente
revolucionario del semen congelado no fue la ampolla, la pastilla o la
pajuela. Estas no son más que formas de contener el semen. Lo
auténticamente revolucionario ha sido lograr que los espermatozoides
perduren muchos años mediante la acción crioprotectora del glicerol, lo
que permitió, desde el punto de vista biológico, mantenerlos vivos con una
longevidad prácticamente indefinida.
Esta historia se
desarrolló con el apoyo de unos pocos, la incredulidad inicial de muchos y
la oposición de algunos con intereses mezquinos y encontrados. Nació en un
laboratorio sencillo y con un equipamiento autóctono y a veces rutinario y
hoy se ha expandido a centros y cooperativas de Inseminación Artificial
con instalaciones modernas, a veces sofisticadas, que producen anualmente
trillones de dosis de semen congelado para el uso interno y de
exportación. Estos centros y cooperativas no sólo producen semen para
millones de vacas en inseminación artificial, sino que además hacen
docencia y realizan trabajos de investigación técnica en el campo de la
biotecnología reproductiva de avanzada.
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