
¡Que maravilloso
es el fútbol! Dicen algunos filósofos que es una forma de guerra moderna.
Donde los pueblos manifiestan su identidad, su carácter, en la forma de
luchar sus guerreros, a los que aclaman y reciben (todos vivos). Ese
carácter forja el resultado. Todos los resultados (también económicos). Y
verán similitudes de carácter y de resultados en el fútbol y en el negocio
lácteo.
Ningún país pequeño o sin
historia se acompleja. Hoy todos son emergentes.
A la gloriosa Inglaterra, puede una Argelia
subírsele a las barbas.
A Francia no le sirve su
“savoir fair” para vivir de las rentas, ni a Italia su estilismo.
Quieren dominar, sin respeto, al contrario y con picardías, que generan
debacles como la de Parmalat.
Los orientales están ya en el futbol y en la leche
y en todo. Escalando.
America del Sur es una gran cancha,
por la que rueda un cuero de vaca perseguido por millones de jóvenes
ilusiones. Ilusión y pasto es leche y es
fútbol.
Brasil sabe de ello, por eso gana casi siempre, por eso
crece en sus lácteos. Pero de este pueblo
fraternal y emotivo, surge de repente la violencia empujada por la pasión,
dejando pasar muchas oportunidades.
Argentina, es el segundo gran
ejemplo. Aquí su enemigo es la vanagloria y
la cuestionable elección de sus dirigentes.
Uruguay es más frío y más
humilde. Un pequeño país en lo más alto, exportando leche y estrellas del
balón.
Y toda Suramérica
empujando, Chile con inteligencia, solo pierde con los gigantes, ya
produce leche en niveles de calidad y costos punteros. Paraguay, con
coraje, se sacude tantos años de miseria.
¿Y Europa? Alemania
siempre está al frente, sin ruido, el mayor productor del continente.
Sus ganaderos, sus industrias y sus futbolistas, se reponen de todo.
Responsabilidad, sacrificio, no hay protagonistas, su estrella
futbolística y lechera, Mullër, es uno más. No hay monopolios, no hay
individualidades.
Holanda, está donde está, por su defensa de cada centímetro
de campo. Un país que idolatra lo robado al
mar, lo defiende con sabiduría y dientes. Sus
jugadores, sus ganaderos, y ahora sus industrias, invaden medio mundo.
España, por una vez, está en el Olimpo.
A llegado a lo más alto, sabiendo perder, sin quejarse del árbitro,
dándole protagonismo a los pequeñitos y aplicando el modelo territorial
holandés. Si todo esto se aplica al sector
lácteo, saldremos de la permanente frustración y el futuro será
esperanzador. La furia hará el resto.
Alfonso Raffin
Curitiba. Brasil
Fuente: la-leche.es
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